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miércoles, 22 de julio de 2015

Una sociedad deshumanizada

13-07-15
Rhodéa Blasón¿La sociedad en la que vivimos sería recuperable? Los seres humanos estamos tan deshumanizados que engendramos en nuestro entendimiento la soberbia ilusión de que atesoramos la totalidad de los derechos sociales, morales, existenciales, económicos, culturales, … dogmatizando este pensamiento y sosteniéndolo como modelo de superioridad frente a los demás. Este cáos social surge del pésimo modelo educacional que les estamos inculcando a nuestros vástagos, a quienes por no comunicarnos y compartir experiencias con ellos preferimos darles esparcimientos individualizantes con los que perjudicamos notablemente su capacidad de relación con sus semejantes. Verdaderamente, yo concibo la esperanza de que nos volvamos más humanos, en el amplio sentido de la palabra. Que apliquemos los valores fundamentales de la ética para que la humanidad sea distinta, más próxima, más deseable, con más moral, más terrenal y que tengamos presente que los hombres somos individuos efímeros y que en el momento de nuestro óbito no nos valdrán de nada ninguno de los derechos que creíamos tener durante nuestra existencia.
¡Todos deberíamos implicarnos por ser mejores personas y aprender a valorar los elementos pequeños que nos regala la vida!. Los progenitores no sólo estamos para traer retoños al mundo sino para implicarlos desde su más tierna infancia en los valores de la equidad que debemos a nuestros semejantes. Todos departimos sobre los derechos que nos amparan, pero y ¿los deberes?, ¿quiénes los ponemos en práctica?. Si los padres no educamos a nuestros hijos exponiéndoles sus deberes para con la sociedad y dedicándonos a ser un patrón positivo de las obligaciones, responsabilidades y grado de compromiso que le debemos a la ciudadanía, ¿qué grado de memez y majadería podremos llegar a alcanzar?
Los procreadores damos un ejemplo pésimo a nuestros descendientes con la consigna de “y tú más”. ¿Para qué?. Yo no creo en las clases sociales, salvo económicas que sí existen, por desgracia, pero culturalmente nos hemos quedado obsoletos y sin preocuparnos para nada de aprender. Sobre todo de adquirir conocimientos sobre lo que es la Vida. Para recuperar a nuestra sociedad de esta situación moribunda habría que volver a enseñar a los padres y a los abuelos que se creen que sus hijos o sus nietos sólo tienen derechos. Efectivamente todos tenemos derechos, pero también obligaciones y mientras no lo comprendamos nuestra sociedad y nuestra propia humanidad perderá algo tan importante como su propio valor, mérito, interés, atractivo y provecho. Nos hemos convertido en una comunidad agonizante y mortecina menguada de una factible probabilidad de rescate, redención y libertad. Somos una sociedad deshumanizada.
Rhodéa Blasón.

lunes, 6 de julio de 2015


La vida plena

04-07-15
Rhodéa BlasónLas apariencias engañan. Las imágenes, el aspecto, las fachadas pueden llegar a ser un fraude mayúsculo y existen seres humanos que utilizan ese exterior como treta de seducción, artimaña de confusión económica, ardid de fraude empresarial, señuelo de fascinación erótica, timo de engatusamiento ficticio, … Hay infinidad de modelos para proceder conforme al resultado que se quiera alcanzar y a los objetivos que se estipulen e investiguen por quienes ponen en práctica estas engañifas con el fin de obtener beneficios de cualquier índole y sin concernir sacrificios ni riesgos. Sinceramente, el ojo humano es capaz de traicionar a su propietario desafiándole con los lances más inverosímiles jamas discurridos, calculados o sospechados. Exactamente idéntico que un prisma de cristal puede descomponer la luz en multitud de colores, según los reflejos lumínicos que le afecten, nuestros luceros pueden observar situaciones imaginarias, engañosas, utópicas o inexistentes, pero que verdaderamente intuimos como legítimas.
Lo que vemos no siempre es la realidad verídica. ¿Ver o creer ver?. La respuesta es arduamente dificultosa de descubrir. La imaginación recrea coyunturas que desorientan nuestro entendimiento transportándonos a errados dictámenes. Tales como las difamaciones o infundios que causan la pérdida de la honra de otros seres tras el menoscabo de calaveras o depravados que no distinguen si ven o creen ver. Desafortunadamente continúa perdurando este paradigma de anormalidad colectiva como pauta a persistir independientemente de la clase social, linaje, edad, formación,… Departir sobre lo que nuestra vista nos aparenta haber advertido sin comprobación que le dé certeza alcanza potestad de pernicioso y perverso, y acostumbra a exteriorizarse en perfiles taimados y ladinos que, consciente o inconscientemente, perpetran y urden estropicios exagerados y crueles en seres humanos con un entendimiento cerebral excesivamente endeble y pusilánime.
Los sujetos de carácter hercúleo no son bien vistos por gran parte de la humanidad. ¡Ni ven ni creen ver! Se esfuerzan en sus tareas, se afanan en consagrar tiempo fructífero con su pareja y su prole, se esfuerzan en cultivarse culturalmente, existen para comprender el “ser y el estar” en su subsistencia, …no tienen oportunidades para desaprovechar ni segundos vitales que malbaratar. Esto tan evidente no es advertido por ignorantes y ramplones que “llevan y traen” maledicencias y chismorreos de quien les sabe necios y no les tolera su impertinente intención de dominio, ni les consiente percatarse de sus acciones. Eludir estas gentes les produce un daño irreparable en su condición humana, ya que se saben ultrajados y agraviados por quienes ellos pretenden humillar y calumniar. Son como parásitos que si no se nutren de las acciones de otras personas agonizan hasta sucumbir. ¡No permitamos que puedan con los seres humanos que tenemos vidas plenas!
Para conseguir una vida plena. Seamos felices, orgullosos de nuestras acciones, sorteemos y apartemos de nuestra senda a quienes con malicia persiguen saber de nosotros para vilipendiar la conducta con la que procedemos. Nunca alcanzarán contento ni prosperidad porque no se crean su propio trayecto de vida. Permanecerán vacíos de sentimiento, conocimiento y actitud.
Su fachada exterior será pura apariencia, pero su corazón se convertirá en el de menesterosos ávidos de lograr la vida ajena que perseguirán sin pasar de ser meros cicateros y miserables.
Rhodéa Blasón.

viernes, 3 de julio de 2015

Las sensaciones personales

27-06-15
Rhodéa BlasónLas sensaciones. Durante nuestra corta o dilatada existencia no renunciamos a la recopilación de sensaciones que nos transmiten emociones y nos proporcionan vestigios trascendentes en nuestra alma y en nuestro corazón. Mientras deambulamos creando nuestra historia incoamos un cofre personal e inherente a nuestra persona colmado de impresiones, corazonadas o presentimientos que se va incrementando y engrosando según las primaveras que festejemos y que nos atiborra de experiencias, unas provechosas y otras molestas, de las que tenemos la misión de extraer los destacados beneficios que nos brindan para que nuestra vida no se vea menoscabada por los aconteceres nocivos, de los que debemos aprender, pero exprimiendo su savia hasta llegar a la conclusión de que no son viables en un caminar recto y justo.
Sus sensaciones. Hay quien vive creando quimeras por donde pasa por la simpleza de su existir valdío, yermo y sin ocupación, salvo la curiosidad por los otros seres humanos. Claro está que siempre es más fácil criticar “la paja en el ojo ajeno que en el propio”, aunque este rebose rastrojos. No obstante, de todos es sabido que los lelos y cretinos han existido siempre y persistirán en el tiempo porque no les interesa formarse culturalmente o dedicarle tiempo a su familia, sin vituperar, juzgar o murmurar sobre las personas que habitan en su contorno.
Nuestras sensaciones. El Camino personal debe ser firme, íntegro y equitativo; deberemos obviar las maledicencias que sólo causan infelicidad a quienes las refieren y prestar esmero y deferencia ante los dictámenes de nuestro conocimiento sobre las sensaciones que nos aportan los demás. Hay personas que contagian felicidad y esmerada armonía, mientras que otras infectan al prójimo con sus calumnias y fingimientos. Acerquémonos a las primeras para que su dicha se vincule a nosotros, y distanciémonos de los segundos para que no nos emponzoñen ni inoculen con su inmoralidad e iniquidad mental, ya que nunca serán capaces de salir del obscuro tunel en el que trazan su itinerario vital.