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miércoles, 29 de mayo de 2019

"La libertad completa ...una utopía", por Rhodéa Blasón


   Me gusta soñar. Y sobre la toalla que me separa de la arena en mi playa preferida puedo ver la vida más allá de lo que soy consciente. El fino arenal es para mí un bálsamo que acuna mis sentidos y libera mis emociones más arraigadas. Es como si mi libertad me permitiera volar en las alas de las gaviotas que surcan el cielo con su elegancia innata en busca del alimento que ya casi no encuentran en la costa.

   Yo soy libre y las gaviotas también. Pero existen barrotes invisibles que nos apresan sin compasión, a mí y a ellas; esos hierros ficticios que nadie ve porque no es capaz de observar la vida desde una perspectiva diferente a la que vive cada día. Todos tenemos jaulas que nos impiden la libertad completa, aunque no seamos conscientes de ello y en la medida de nuestra sensatez está el poder de tener una independencia mayor. Porque la libertad total no deja de ser una utopía, ya que los seres humanos dependemos unos de otros, en nuestros actos y en nuestra vida. Por eso yo siempre hablo del equilibrio emocional entre las personas. Esa inteligencia equilibrada es la que nos permite ser más o menos libres.
 
   No obstante, estar en mi bello arenal me hace sentirme libre de ligaduras, aunque sea durante unos minutos y analizar cuál es la mejor manera de afrontar la liberación de ciertas ataduras sin perjuicio para mi equilibrio mental. Discutir, sino es constructivamente, no nos lleva más que a un desgaste mental que no nos produce más que un malestar y un resquemor que nos hace más mal que bien, por eso es mejor apartarse o no escuchar a quien vive en una prisión continua sin ver esos barrotes que le producen una infelicidad continua y les enferma el corazón y la mente.